domingo, 7 de diciembre de 2008

El ultimo ocaso

Aun no empezó el otoño. El clima esta frió y nublado, yo pálido sostenido en mi desolación aguardo a orillas del rio. Miro el agua, miro mi reflejo, miro y pienso, en en lo que fui, en lo que soy, y hasta me arriesgo a penar en lo que quizás llegue a ser.
Mi espejo natural se rompió debido al avance de un bote distante. Levanto la vista, hay alguien en la otra orilla, quiero acercarme, pero no puedo cruzar, tengo miedo.
El hombre del bote me ve. Ve mis ojos, ve mas allá de mi carne, ve en mi interior. Ve mi frustración, mis sueños y objeciones.
“no debo, quiero” me dijo y se fue, dejándome su vieja embarcación en las orillas llenas de pequeñas piedras redondas. Las nubes grises me decían que no. Pero es lo que quiero, y no lo que debo, tal como dijo el viejo hombre. Lo que uno quiere, transgredí las barreras de lo correcto, de lo establecido.
Comencé mi travesía, dejando atrás mi cárcel, mi opresión. Tengo miedo, la tormenta se avecina sobre mi cabeza, estoy navegando por primera vez en mi vida. Voy a naufragar, y no es lo que quiero, pero quizás es lo que deba ser. Triste es el sometimiento y el castigo del destino a quienes osamos a desafiarlo.
No puede contrarrestar estas aguas tan agitadas, tan indomables, mi barco comenzó a hundirse, siento el agua ya por mis rodillas.
Veo a lo lejos, un bosque de árboles secos, veo como ellos son sometidos a la naturaleza, y deben dejar caer sus hojas, para que crezcan nuevas.
El agua ya esta por mi cintura, pero veo una pequeña hoja en un árbol… el otoño aun no fuerte, aun esa pequeña se resiste. Mientras esa hoja viva, será verano.
El agua esta por mi cuello, y quiero nadar…